Lo que nadie te enseñó sobre la angustia en el Autismo
- Dra. Viviana Cordoba
- hace 7 días
- 4 min de lectura

Hay niños que son unos genios en el arte de no decir nada y hacer que todos se queden pensando y reflexionando.
Niños que parecen habitar un mundo propio, un territorio íntimo donde las emociones no siempre encuentran un camino claro hacia afuera.
Un mundo interno que muchas veces está lleno de belleza, pero también de una angustia que no siempre es visible, que no siempre se entiende, pero que se percibe en cada gesto, en cada mirada esquiva y en cada intento fallido de comunicarse.
Y aquí lanzo mi primer consejo para quienes están comenzando:
Si interpretas la angustia de un niño autista como "mala conducta", ya perdiste el punto de partida.
Por qué escribo esto
Durante años he acompañado a niños con diagnóstico de trastorno del espectro autista y a sus familias, y he visto cómo la angustia puede desbordar, paralizar, y cómo puede confundirse —peligrosamente— con desobediencia o desinterés.
He visto como colegas, terapeutas, incluso familias enteras, interpretando como "capricho" lo que en realidad es una tormenta interna que el niño no tiene cómo nombrar.
Pero también he visto lo contrario, en cómo esa angustia se transforma cuando el niño encuentra un espacio seguro, un adulto disponible y un entorno que no lo obliga a adaptarse a la fuerza, sino que se adapta a él.
Una mirada distinta
Si eres nuevo en este tema, te animo a ver el autismo de una manera diferente.
En lugar de pensar en el diagnóstico como una etiqueta fija, mejor considera al niño como una persona con su propio mundo interno, porque cada niño tiene una forma única de pensar, sentir y relacionarse con el mundo que lo rodea.
Me dejo guiar por la mirada luminosa de Lorenzo Balegno, que invita a contemplar el autismo no como una enfermedad, sino como un delicado paisaje psicológico en construcción.
Esa perspectiva me enseñó a acercarme a los niños desde la curiosidad y la ternura, como quien camina despacio sobre la orilla de un lago sin apresurar el reflejo del agua.
Descubrí —y te lo comento de manera más directa— que cada pregunta abre una puerta, y que escuchar con atención, sin apuro ni juicio, es el puente más seguro hacia su mundo.
Si llegas con la intención de corregir en lugar de comprender, esa puerta se cerrará ante ti.
Dejé de lado el afán de corregir, y abracé la confianza en las capacidades del niño, sabiendo que bajo la corteza del silencio late la promesa de una flor dispuesta a brotar cuando el entorno, la paciencia y la mirada amorosa lo permiten.
¿Para quién es esto?
Esta reflexión está dirigida a padres, cuidadores, docentes, psicólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, estudiantes, y a cualquier persona que quiera comprender mejor la experiencia emocional de un niño con autismo.
No requieres años de experiencia clínica. Más bien necesitas, eso sí, disposición para mirar las cosas desde otra perspectiva y estar dispuesto a enfrentar obstáculos, ya que a veces la verdad puede ser incómoda antes de curar.
Lo que vas a encontrar aquí
Habrá teoría, por supuesto. Sin embargo, también se incluirán prácticas, reflexiones clínicas, herramientas específicas, ejemplos generales y casos modelo que sintetizan aprendizajes fundamentales sin revelar información sensible de ningún paciente.
Encontrarás una forma distinta de intervenir, una estrategia que no busca "corregir" conductas, sino acompañar la angustia para que el niño pueda organizarse, vincularse y participar del mundo externo sin perder su esencia.
Y si eres de los que buscan una solución rápida, te aviso desde ya, que aquí no la vas a encontrar. Mas bien, vas a encontrar un camino, que además abre paso a una formación completa donde profundizaremos en esta estrategia de intervención, en la lectura clínica de la angustia, y en la construcción de puentes comunicativos respetuosos y efectivos.
Antes de cerrar
Esto apenas empieza.
Porque hay algo que necesito que sepas antes de seguir leyendo cualquier otra cosa esta semana:
Ese niño que está frente a ti —o que estará en tu consultorio, en tu aula o en tu vida— no te contará lo que le sucede. Al menos, no con palabras, y sentirás la tentación de intentar abrir esa puerta a la fuerza, porque todos hemos sentido esa tentación alguna vez y yo te voy a enseñar a no hacerlo.
En el siguiente capítulo, nos adentraremos lentamente en Un mundo propio y a una angustia invisible, donde discutiremos qué es el TEA cuando se elimina la etiqueta del diagnóstico, dejando simplemente a una persona.
También discutiremos sobre esa angustia invisible que no se manifiesta con gritos ni convulsiones en el suelo de una sala de espera.
Esa angustia es precisamente la que más duele y la que más se nos escapa a nuestra mirada. Por lo tanto, si no aprendes a reconocerla, pasarás años tratando los síntomas incorrectos.
Ya la he visto. He recorrido ese territorio silencioso en más ocasiones de las que puedo recordar.
Nos vemos el próximo martes.
Este es el primer capítulo de una serie que publico cada martes en www.psicologavivi.com/blog. Si este texto te movió algo, quédate cerca — lo que viene te va a mover más.
Comentarios